Seremos la camisa olvidada o la cucharita para mover el café entre cuatro paredes y una cortina rota. Ahora estás y no estás pero da lo mismo, pero siempre es lo mismo.
No perdones, no culpas, no recuerdos de llanto y ojos de pozo y hastío. No paredes, no más blusas. Saliva y escaleras, saliva y la cama que se pone a caminar, que nos llevaba al centro para arrojarnos a la caricia de los pisos helados.
De todas maneras, es verdad, otras mujeres y también para mí, y también hombres, rostros y dos gatos. La misma tarde en carretera hacia el mar, la misma tarde de lluvia espesa que me devolvió los pies y me hizo besar a un hombre; a un hombre sin asombro, hecho de sangre y pocas alas, y ganas de volar.
Pasará la terquedad pero jamás descanso y de todas maneras nací para estar sola o tú eres mi final ¿O habría que decir nacimiento y disparo? Hay que decir, prematuros, prematuros y sin cáscaras habrá un después, entre los ojos de los peces y mutilaré tus labios para coserlos a mi pecho, y dirás jamás, y estarás adentro.
Ahora y en todos los presentes demasiado concebirse nido y pronunciar tu nombre, tu manera de encontrar imperfecciones en todo lo imperfecto-perfecto: estar juntos para las diferencias, y tener que marcharse y cortar la lágrima prolongada, lágrima para unirme a los murciélagos o a ti. Lagrimea la oscuridad entre semáforos y jamás despertaré a tu lado pero estás junto a mi, o no, ya no importa.
Me quedaba sobre tu pecho hasta que el calor me expulsaba, un calor suave de cigarrillos y sábana húmeda, un calor que me llevó entre rendijas de ventana y media noche, el calor de un rostro que choca con otro rostro y piernas entrelazadas pero no, pero nunca hablar de ti y guardarte con la lengua derretida sobre el papel, con la lengua de cera y lámpara y resquicios de telaraña. Me quedaba quieta y ahíta de alfileres alrededor de los pezones y el detestar ladridos o la plática de las vecinas, me quedaba sin sueño y alejada un poco de ti, un poco para siempre me fui haciendo adicta al café, entre otras cosas, y me contabas de Asturias y yo a veces de Sexus Henrry Miler. Repetir la ropa, pedirte que te quedes... como ahora, como nunca.
Tomé mis dediciones al conocerte, mis decisiones efímeras, mi permanente contradicción. Parece que uno decide abandonarlo todo pero se acerca más y más y reencuentra la uña carcomida, la uña perdida entre el tráfago y el polvo de los libros, la descubre para recomenzar, para comenzar por única vez el masticar deseos y recordar plegarias nunca evocadas en la sombra. Recordar y sentir un abrazo que no se dio, que no puede darse.
Hay prados o alguna fogata seca y el mar o el camino para las tortugas. Esperar nunca termina, porque yo nunca dejaré de hacerlo, aunque parezca abandono, aunque me vaya siempre.
09/06/08
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